miércoles, 25 de enero de 2017

LOS COMIENZOS DEL ACOSO, ¿SON COSAS DE NIÑOS?.


¿Recordáis haber sufrido las burlas de un compañero/a de clase? ¿Habéis escuchado a vuestros niños y niñas quejarse por recibir insultos y mofas?.

El ser humano tiende a observar y destacar aquellas características que de alguna manera, llaman la atención, es decir, sobresalen de lo que consideramos habitual. Tenemos la capacidad de convertir un pequeño detalle en algo realmente exagerado, y en muchas ocasiones, gracioso.

El sentido del humor es una de las mejores herramientas que utilizamos en nuestras relaciones interpersonales,  de este modo, puede ser de gran utilidad para la adecuada crianza de nuestros hijos e hijas. Forma parte de la inteligencia emocional de cada individuo y puede ayudarnos a afrontar muchas situaciones y relativizar un sin fin de problemas y preocupaciones. Sin embargo, ¿Qué ocurre cuando el sentido del humor se convierte en un mecanismo hostil?. Deja de ser algo "normal" para convertirse en agresiones que hieren a quien las realiza y a quien las recibe.

¿Qué consigue un adolescente cuando se ríe del físico de un compañero?. Puede que logre dejar en evidencia a uno de sus iguales, intentar hacerle ver que vale menos que los demás, y por supuesto, la aprobación social mediante las risas y aclamaciones del resto de sus compañeros.

Ahora llega la cuestión que nos debería hacer reflexionar: ¿cómo debe sentirse un chico que necesita burlarse, insultar o agredir a otra persona para sentirse aceptado, exitoso?. Esos comportamientos desvelan la existencia de jóvenes carentes de empatía, de amor propio y llenos de negatividad y baja autoestima.


¿QUÉ PODEMOS HACER?. HABLEMOS DE PREVENCIÓN.


Desde casa, y desde que son muy pequeños, debemos fortalecer el valor de cada persona, el respeto hacia uno mismo y hacia los demás. Hacerles entender que pueden brillar con su luz interior, sin necesidad de apagar las luces de los demás.

De esta forma, un niño o niña no necesitará reírse de otro para sentirse aceptado, y de la misma forma, el que recibe burlas, sabrá aceptarlas mejor. Pensemos que si todos tuviéramos claro lo que valemos, no necesitaríamos tan intensamente que otros nos lo dijeran y no nos afectarían tanto los comentarios negativos de los demás.

¿CÓMO FOMENTAR LA AUTOESTIMA DE NUESTROS HIJOS E HIJAS? 


1. Empecemos con nuestro lenguaje

Evitemos los comentarios negativos hacia su persona.

Ejemplo. Tu hija de 11 años ha suspendido un examen para el cual estudió poco. En lugar de decir, te estás volviendo muy vaga o, eso te pasa por vaga, podemos preguntarle por qué cree ella que ha suspendido, y si no llega o no quiere llegar a la conclusión de que es por falta de estudio, le diremos que le ha faltado un poco más de estudio, le ha faltado esforzarse más. Recordarle otras veces en las que se ha esforzado y ha conseguido un buen resultado. “Si la próxima vez te esfuerzas más, sacarás mejores notas.

El mensaje es el mismo, queremos que vea las consecuencias de sus actos y que empiece a asumir sus responsabilidades, sin embargo, en la segunda opción no la desvalorizamos ni atacamos, estamos hablando de comportamientos, no de su personalidad. De esta forma no herimos su autoestima.

2. Corregir los errores en privado y felicitarles en público

El sentido del ridículo es algo que está muy presente en nuestros jóvenes. A veces, lo que para un adulto puede parecer algo sin importancia, “mi hijo ha suspendido 4 asignaturas este trimestre, así que se queda sin salir”, para un chaval de 13 años puede ser un hecho que le avergüence dependiendo el contexto en el que se encuentre.  Cuidado con lo que decimos frente a los demás, esto puede incrementar su timidez. Aprendamos a corregir sus errores en privado y a felicitarles por sus logros cuando las personas de su alrededor también los puedan celebrar. Esto ayudará a favorecer su entusiasmo y reforzar su seguridad.

3. Evitemos las comparaciones con los demás. 

De nada vale compararnos. Si hay algún otro niño o niña al que crees, que tu hijo debería parecerse un poco más, tenemos que tener cuidado con la frecuencia o la intensidad de nuestros comentarios. Puede llegar a ser muy frustrante para un menor no llegar a ser lo que sus padres quieren que sea, o no ser capaz de conseguir los objetivos que consiguen otros. Podrían llegar a percibir que no valen lo suficiente para ser aceptados tal y como son

 4. Olvidemos las amenazas.

Educar desde el miedo crea a personas inseguras, incapaces de enfrentarse a diversas situaciones y de resolver problemas. No es necesario amenazar a los niños cuando se portan mal. Bastará con entender que hay ciertas normas que se deben cumplir y  comportamientos que no se deben hacer. De esta forma podemos explicárselo con tranquilidad o que vean que por haber pegado al hermano, no va a poder ir al parque esta tarde, sin embargo, cuando los atemorizamos sólo estamos incrementando su desconfianza.

5. Apartemos al odio

Queramos o no, las personas solemos tener prejuicios, y aunque debemos luchar contra ellos, en ocasiones juzgamos a los demás, incluso podemos llegar a manifestar odio o rabia hacia personas que son diferentes a nosotros. En nuestros comentarios, en nuestros gestos, los niños están percibiendo que si algo es diferente a la norma es malo, por eso, si en una clase hay algún chico o chica que tiene cierta característica que lo diferencia del resto, consideran que es aceptable meterse con él. Es importante que aprendan a respetar a los demás.

6. Adultos como modelos

Padres, madres, familiares, educadores, etc. Somos un referente para todos los niños y adolescentes que están a nuestro alrededor. Debemos tener una conducta congruente con la educación que queremos que reciban. Pensad que no tiene sentido decirles que no digan palabrotas si nosotros las manifestamos frente a ellos a cada instante. Un crío se pierde entre lo que se le dice y lo que ve o escucha en los actos de los adultos. Si servimos como modelos de tolerancia y respeto, nuestros niños crecerán siendo personas emocionalmente estables, las cuales sabrán enfrentarse y gestionar los ataques de sus compañeros, y al mismo tiempo, no necesitarán ni disfrutarán riéndose o menospreciando a un igual.


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